Una nueva Galaxia
Cuando menos lo esperas, cuando crees que todo es una automatización, cuando los días se cuentan como limones en un árbol, de pronto, todo cambia.
Sufrí durante años, la culpa aborrecible de el silencio. Callé cuando debí hablar. Miré a los lados cuando pude mirar de frente. Bailé con la señorita llamada paciencia, sin marearme ni equivocar los pasos. Permanecí quieto, estuve medio muerto.
El amor se escapó de una forma lenta y sin retorno, y cuando la miraba ya no sentía un músculo emotivo tensandose dentro de mi alma. El corazón se congeló a un grado máximo y mi mente divagaba entre la comodidad de seguir viviendo una película ya filmada y actuada por muchos- quizás demasiados- en donde el final es conocido y aplaudido por los mismos, o dar un golpe a la cátedra y romper con la cadena para intentar ser feliz con otro libreto, con otro guión.
Es así que hoy, ya libre de aquella atmósfera confusa y sin dirección, pues me siento mucho mejor.
Creo que estoy viviendo. Y pucha que me hacía falta...